Màs de la mitad de las personas con discapacidad agradece las actitudes de discriminación positiva
? Un 58,9% así lo declara, frente al 36,8% que prefiere no recibir ninguna atención especial por parte de los demàs, y un 4,3% al que le da igual.
El próximo 3 de diciembre se celebra el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, acontecimiento que nos brinda la oportunidad de reflexionar sobre un colectivo que ya alcanza el 9% de la población española, según los últimos datos del INE.
Con motivo de esta celebración, la Fundación Adecco ha realizado una encuesta a 500 personas con discapacidades físicas, intelectuales, psíquicas, sensoriales y orgánicas, con el objetivo de conocer el grado de discriminación que experimentan en su día a día y profundizar en sus preferencias. En el caso de aquéllas con un elevado grado de afectación –sobre todo en discapacidades que afectan a nivel cognitivo-, la encuesta ha sido respondida con la ayuda de un familiar o tutor.
Tolerancia a la discriminación positiva
En los últimos años se ha debatido mucho acerca de la discriminación positiva, es decir, aquellos privilegios que se conceden a un grupo tradicionalmente desfavorecido para compensar su situación de “desventaja”. Aunque estas medidas suelen referirse al ámbito legal, también han de contemplarse aquellos comportamientos adoptados por muchas personas que tienden a sobreproteger y a tratar con extrema delicadeza a los que perciben más débiles.
En el caso de las personas con discapacidad encuestadas por la Fundación Adecco, el 83,5% declara sentir en su día a día este tipo de actitudes por parte de los demás, y de ellas, un 58,9% afirma agradecer estas cortesías. Es el caso de un hombre de 32 años, con discapacidad física, que asegura sentirse más seguro y protegido con aquellas personas que le atienden mejor debido a sus limitaciones.
Frente a este grupo, un 36,8% asegura no sentirse cómodo ante las actitudes de sobreprotección y excesivo cuidado que adoptan las demás personas. Algunas justificaciones de los encuestados resumen muy bien esta postura. Así, una mujer de 40 años con discapacidad sensorial afirma que “cuando alguien me protege o me mima más de la cuenta, me recuerda constantemente que soy diferente”, o aquélla de 38, con discapacidad psíquica, que asegura que “con estas actitudes me siento inútil y disminuye mi autoestima, quiero normalidad”.
Por último, un 4,3% asegura que las actitudes de discriminación positiva le dan igual: ni le incomodan ni le agradan.
Por sexos, es mayor la proporción de hombres que agradece la discriminación positiva: un 62,5% frente al 57,1% de las mujeres. Por grupos de edad, los jóvenes muestran una mayor reticencia a este tipo de actitudes: sólo un 45,5% de las personas entre 19 y 30 años las acepta positivamente, frente a un 52,2% de los encuestados de 31 a 45, y un 65,5% de los que tienen 46 años o más.
Los que trabajan no se sienten discriminados, la mitad de los que buscan empleo, sí
Del total de encuestados con trabajo, un 74,3% declara sentirse uno más en su empresa y no percibir ningún tipo de discriminación. El otro 25,7% manifiesta que sí se ha sentido discriminado en su entorno laboral, por diferentes motivos. Dentro de estos últimos, el 50% señala que la discriminación ha procedido de los jefes o superiores, seguido de un 25,9% que afirma que no son las personas las que excluyen, sino la falta de adaptaciones y barreras arquitectónicas del puesto de trabajo. Por último, un 24,1% se ha sentido discriminado por parte de sus compañeros.
Por sexos, son más las mujeres que se han sentido víctimas de un trato de inferioridad: un 59% frente al 45% de los hombres. “Las mujeres que tenemos discapacidad estamos doblemente expuestas a la discriminación”- declara una joven de 25 años.
Aunque gran parte de los encuestados desempleados no está buscando trabajo (60%), existe un 40% que sí está intentando encontrar un lugar en el mercado laboral. De esta cifra, un 48,9% opina que su discapacidad es el principal obstáculo para encontrarlo, frente al 51,1% que afirma que ésta no influye negativamente en los procesos de selección.
LISMI, ¿Qué es eso?
La Ley 13/1982, de Integración Social del Minusválido, es la principal normativa para favorecer el empleo de las personas con discapacidad y potenciar su integración en la sociedad.
Sin embargo, los datos revelan que gran parte de los encuestados (59,5%) desconoce su existencia, sin apreciarse diferencias importantes entre sexos. La cifra varía, sin embargo, en función del grupo de edad, del tipo de discapacidad y de la situación laboral de la persona.
Atendiendo al primer criterio, las personas de 30 a 45 años son las que más conocen esta Ley (44,9%), seguidas de los mayores de 45 años (39,1%) y de los más jóvenes entre 19 a 30 años (31%).
Por otra parte, las personas con discapacidad intelectual son las que más ignoran la existencia de esta disposición legal (94,7%), seguidas de las personas con discapacidad psíquica (77,8%), sensorial (60,5%), física (40%) y orgánica (10%).
En función de su situación laboral, es mayor la proporción de desempleados que desconoce la LISMI: un 68,8% frente al 54,7% de los ocupados.
La empresa ordinaria es la opción preferida
Consciente de la dificultad añadida que encuentran las personas con discapacidad para encontrar empleo, la LISMI dispone en su artículo 42 la posibilidad de trabajar en un Centro Especial de Empleo, es decir, empresas cuyo objetivo es iniciar a las personas con discapacidad en el régimen de empleo normal, realizando un trabajo productivo, remunerado, protegido y con apoyo.
Aunque resulta evidente que esta modalidad laboral es ideal para que muchos trabajadores con discapacidad puedan dar el salto a la empresa ordinaria, o incluso trabajar de forma definitiva, la Fundación Adecco ha querido conocer qué alternativa prefieren y consideran más adecuada para ellos.
Si bien las respuestas han estado bastante igualadas, se advierte una predisposición por trabajar en la empresa ordinaria, como han reflejado en sus respuestas el 55,6% de los encuestados, seguido del 41% que se decanta por los Centros Especiales de Empleo, y un 3,4% que prefiere otras modalidades laborales como el empleo autónomo. El motivo que alegan es que la integración sólo es real si se trabaja en una empresa en condiciones normalizadas, como un empleado más.
Estos resultados varían en función de la discapacidad, observándose que las personas que se ven afectadas a nivel intelectual o psíquico, se sienten más seguras con un trabajo protegido en un Centro Especial de Empleo.