Internacional

Ministro de Cienciología y Rescatista Mexicano regresa de la destrucción de Japón

0670001 mayo 2011
México, D.F. (27 Abril 2011). Alejandro del Llano, Ministro Voluntario de Scientology (Cienciología) y también rescatista de la Brigada Internacional de Rescate Tlatelolco-Azteca a.c. (mejor conocido como Topos México), arribó a la ciudad de México de

Su primera impresión de Japón fue a su arribo en el aeropuerto de Narita (zona cercana a la ciudad de Tokio) el 23 de Marzo al ver como docenas de equipos de rescate y socorro internacionales “se encontraban buscando desesperadamente su regreso a sus países”. Las alarmantes noticias acerca de la ruptura del reactor nuclear de Fukushima plantaron un temor profundo causando que miles trataran de salir de la isla a como diera lugar. “Estaban despavoridos,” dice Del Llano

Los únicos que se estaban dirigiendo hacia la zona del desastre eran los Topos quienes, según Del Llano, “sabían la necesidad de la gente en las áreas devastadas, no importa cuanto tiempo había pasado”. Recibidos por feligreses y miembros del personal de la Iglesia de Scientology (que sirvió como apoyo logístico y de vinculación para los Topos México), el equipo de rescate Topos México encontraron rápidamente en qué área era donde más se les necesitaba: la ciudad de Onegawua, en la prefectura de Miyagi – un poblado que fue prácticamente devorado por el océano y donde el dolor era muy grande.

Los Topos, junto con un contingente de Scientologists, viajaron por más de 10 horas para llegar a Onegawua. El camino fue peligroso debido a que en varias ocasiones el contador giger de radiactividad marcaba niveles peligrosos para el ser humano. Aún así (y a pesar del miedo) decidieron seguir adelante. Al llegar a dicha ciudad, los topos México se encontraron con un nutrido grupo de Voluntarios de Scientology que ya habían estado trabajando por días en la zona para proporcionar apoyo logístico y ayuda al ejército japonés y a los civiles. Del Llano cuenta que los Topos pusieron manos a la obra inmediatamente y comenzaron la labor de búsqueda, rescate y recuperación de víctimas.

Desde ese momento en adelante fueron días intensos de trabajo con jornadas de sol a sol, poco descanso, con temperaturas que llegaban hasta ocho grados centígrados bajo cero y trabajando con constantes réplicas seguidas de alertas de tsunami.

La escena era desgarradora. Miles de personas que habían perdido a su familia se encontraban en albergues, con la mirada perdida y aferrándose a lo poco que pudieron salvar. Algunos con la esperanza no ya de encontrar a sus familiares en vida, pero por lo menos tener el cadáver para darle una despedida apropiada.

“Una señora se acercó a mí, con lágrimas en los ojos me rogó que encontrara a su padre. Sólo le pude decir que haría todo lo que podría. Me agradeció como nunca antes nadie me había agradecido. Es ahí cuando uno se da cuenta que el darle esperanza a la gente es lo mejor para aliviar la pérdida y dolor de esta gente”, relata Del Llano.

Sin embargo el trabajo no fue fácil en absoluto. Los primeros tres días fueron desmoralizantes segpun Del Llano, pues “no encontramos a ninguno”. Sabían que no podían darse por vencido, no especialmente cuando venían en representación de México y mucho menos debido a la necesidad de dar algo de esperanza a los sobrevivientes. “A fin de cuentas, nuestro lema es ´Algo se puede hacer al respecto´”, dice el ministro-rescatista refiriéndose a la frase de los Ministros Voluntarios de Scientology.

No sólo esto, sino que los Topos tuvieron que tolerar el rechazo de algunos dirigentes civiles a los extranjeros. Fueron dos noches las que tuvieron que dormir en la morgue, pues los habían sacado del albergue. Al ver esto, sin embargo, un individuo que los topos y los Scientologists estuvieron ayudando a encontrar a un familiar perdido fue y habló de manera muy directa con los que habían dado esta orden de reubicar al grupo. Al días siguiente fueron reubicados a un mejor lugar, con estufas y recibieron comida, agua y hasta colchas para protegerse del cortante frío. Al preguntar averiguaron que ese señor al que estuvieron ayudando era un renombrado político y ex gobernador de la prefectura de Miyagi, de acuerdo al relato del Del Llano.

Después de mover toneladas de escombros, revisar y buscar en cientos de metros cuadrados sin suerte alguna, fue al cuarto día que comenzamos a tener resultados y encontrar víctimas. Esto trajo esperanza no sólo a los Topos, sino que sirvió para que el grupo de Mexicanos se ganara el respeto del ejército Japonés además del cariño de la gente. Un cariño tan grande que, “los topos y los ministros no podíamos evitar dejar caer algunas lágrimas”, dice Del Llano con algo de sentimiento en su voz.

El ejército japonés entonces puso al frente de las tropas al grupo de Mexicanos con el propósito de que pelaran el área antes de comenzar las demoliciones para la posterior reconstrucción de la ciudad. “Eso fue un honor, un ejército con miles de años de existencia puso a un grupo de extranjeros al frente”, dice el rescatista mexicano.

Después de que los topos completaron su misión de rescate de acuerdo a declaraciones hechas por miembros del equipo y de Alejandro del Llano, dicen que los más difícil no fue la búsqueda y rescate sino el hecho de que tenían que dejar atrás a todas esas gentes que les entregaron su corazón durante este mes de arduo trabajo. “Yo me regreso a México, pero mi corazón se queda con la gente de Japón”, declara Alejandro del Llano”

A sus 30 años, Alejandro del Llano ha prestado servicio activo en más de 13 países como parte del cuerpo internacional ayuda y socorro de los Ministros Voluntario de Scientology. Su deseo de ayudar lo llevó a Haití donde por meses se encargó de la coordinación y organización de las labores de alivio al desastre. Fue desde entonces y viendo su afinidad de propósitos , que los Topos de México comenzaron a trabajar en mancuerna con los Voluntarios de Scientology, patrocinados por la Iglesia de Scientology Internacional.