Nutrición

Estado psicológico para hacer dieta

España19 enero 2009
Hacer dieta no es fàcil. Tu estado psicológico tiene mucho que decir.

Una dieta milagrosa, rápida y fulminante, además de suculenta, es el sueño imposible de cualquiera que decide perder peso. Sin embargo, la realidad muestra su cara menos amable cuando se trata de llegar con éxito a la meta. Es decir, seguir a rajatabla el plan y no caer en la tentación, dietéticamente hablando. Puede que el cuerpo esté preparado, pero apostar por que la mente se muestre lista para aguantar los mil y un esfuerzos requeridos ya es otro cantar.

El ánimo alto

Lo primero que hay que valorar es el estado emocional en el que nos encontramos. No es buena idea comenzar en un momento de tristeza, apatía o de pérdida de autoestima, ya que nuestra fuerza de voluntad estará bajo mínimos. Según la Dra. Cristina Bouzá Gonzalo, nutricionista de la Clínica Instimed, lo ideal es empezar cuando nos encontremos estables y seguros emocionalmente. Así, aplaudiremos los avances y dejaremos de culparnos por posibles tropiezos.

Sé constante

Un psicólogo te diría que en general la perseverancia es la clave para lograr nuestros objetivos y el equilibrio anímico; un dietista añadiría que es la panacea de cualquier dieta que alardee de eficaz. Aunque la constancia no sea a priori una de nuestras virtudes, debemos tratar de encontrarla, al menos a la hora de llevar a cabo un plan de adelgazamiento. Es frecuente tener altibajos, pero siempre hay que pensar que puede conseguirse un poco más. La Dra. Bouzá propone un truco para lograrlo. Repetirse a una misma que “Cuanto antes y mejor lo hagamos, antes terminaremos” es un aliciente efectivo.

Hazte un chequeo

El estado físico y el estado emocional se encuentran más unidos de lo que piensas. Antes de empezar una dieta, hazte análisis de sangre. Si tienes anemia o déficit de vitamina B, tu humor estará por los suelos.

Cambia los hábitos

Sin duda, el estilo de vida marca la pauta a la hora de cuidarse. No siempre es fácil seguir hábitos saludables: estrés, comidas apresuradas, desequilibrio nutricional... Lo difícil es adaptar nuestro ritmo a un plan dietético. Antes de empezar, es importante comprobar si en los próximos días está previsto algún acontecimiento extra que pueda alterarlo. Viajes, cenas ineludibles, reuniones o situaciones que a veces llegan a generar frustración por resultar inevitables. Ante ello, lo mejor es postponer nuestro objetivo esperando a que todo vuelva a la normalidad. Evidentemente no se trata de aislarse socialmente (nada peor que eso, o asociaremos el régimen a algo negativo), sino de darle un giro a nuestros compromisos. Por ejemplo, sustituir el restaurante por el cine, buscar lugares y restaurantes con platos “permitidos”... En cuanto a los horarios, conviene establecer un tiempo para cada comida y no espaciarlas demasiado para evitar llegar a la siguiente toma con un apetito voraz.

Nada de culpa

Uno de los problemas más habituales a la hora de hacer dieta es sentir culpa. “Es muy común saltársela para comer alimentos prohibidos”, explica la Dra. Bouzá. “Las mujeres tiran más al chocolate, y los hombres al embutido o el alcohol”. ¿Qué hacer cuando “no hemos sido buenas”? Simplemente, despojarnos de remordimientos y pensar que es humano caer en tentaciones. “No ocurre nada extraordinario, tan sólo hemos dado un pasito atrás, lo que supondrá cuidarse un poco más en las siguientes comidas y proponerse no volver a caer”, explica la nutricionista.

Buenos apoyos

Que te digan de vez en cuando lo delgada que te estás quedando y lo guapa que estás es un magnífico estímulo para seguir en pie. Y es que tanto sacrificio, reconozcámoslo, no es sólo un deseo de vernos mejor a nosotras mismas, también lo es de agradar a los demás.En más de una ocasión hemos sentido pudor a la hora de confesar entre amigos que estábamos haciendo régimen. ¡Un error! Primero porque no hay por qué avergonzarse, y segundo porque, si lo ocultamos, estaremos disculpando la alternativa de seguir adelante. Lo más probable es que, al decirlo, el entorno se solidarice y busque opciones en las que no tengas que ser “la sufridora”.

Técnicas de relajación

Yoga: Una técnica clásica para lograr el bienestar. Además de ponerte en forma también disminuye la ansiedad y Tai Chi: La clave está en saber respirar, lo que proporciona armonía y ahuyenta el estrés.

Realiza algún ejercicio

Basta que no puedas comer dulce para que no dejes de soñar con montañas de pasteles a tu alrededor. De acuerdo, no es fácil huir de la tentación, pero existen trucos que pueden ayudarte a distraer mente y estómago. Practicar ejercicio es la mejor de las fórmulas, no sólo para quemar calorías , también para calmar la ansiedad, aumentar la autoestima y mejorar el ánimo. ¿La explicación? Al realizar esfuerzo físico, liberamos endorfinas, también llamadas “hormonas de la felicidad”. Según los expertos, la sensación es similar a la euforia que proporciona el chocolate, pero engorda mucho menos.