Poco ha tardado Levi Leipheimer en desatar toda su ira en el Tour de California. Dos etapas. Quiere el amarillo californiano. De principio a fin. El de su carrera, la misma que le vio abrir su palmarés de 2008 y 2007 con sendos triunfos en la prólogo de la prueba americana. El año pasado, además, con la general en su bolsillo. Los cuatro kilómetros que abrieron el Tour de California le dejaron con las ganas. Escaso terreno para sus cabalgada en contra de todo, del reloj, y de todos, de Cancellara. El suizo le venció hace dos días, pero después echó pie a tierra. Ayer, Mancebo se le adelantó por un minuto y dos segundos. Tiempo recuperado en menos de 24 horas. Leipheimer ya tiene su primer amarillo.
La segunda etapa del Tour de California volvió a ser brillante en cuanto a emoción se refiere. Otra vez Lance Armstrong volvió a ser protagonista, formando parte de una escapada numerosa que se fugó del pelotón en busca de Carlos Barredo. El valiente asturiano dio muestras de su buen estado de forma en este comienzo de temporada con una bonita cabalgada en solitario. Demasiado desgaste para una exhibición. Aunque de la misma fuga de la que partió salió el ganador. El joven Thomas Peterson. El del Garmin afinó su olfato cuando Leipheimer, llegado desde el pelotón y después de superar a los perseguidores le alcanzó a él, a Barredo y Jason McCartney.
En ese mismo grupo de perseguidores al que Leipheimer adelantó como un poderoso trueno en plena tormenta se volvieron a leer nombres de lujo. Junto a Armstrong, jugaron al gato y al ratón, Ivan Basso, Frank Schlek, Chechu Rubiera, Jens Voigt o Michael Rogers. Todos carburaban energías. Probaban sus propias fuerzas. Sus límites. Todos menos Peterson. El americano pavimentó su rueda a la de Leipheimer y juntos emprendieron la marcha hasta la línea de meta. Entre negociaciones y pactos. "Tú la etapa y yo la general". Así fue. Peterson levantó los brazos primero, en meta. Leipheimer después. Con el amarillo. Líder ya de su carrera.