253 personas han muerto hasta hoy en el país. La enfermedad, que se transmite a través del agua y de alimentos contaminados y ocasiona diarrea y deshidratación severa, se detectó por primera vez en Saint-Marc, en la región de Artibonite, a unos 90 kilómetros al norte de la capital. De esto hace ya unas semanas y el cólera, que se propaga rápidamente, ya ha llegado a la capital, Puerto Príncipe, donde las autoridades confirman al menos cinco casos. Éste es precisamente el peor de los escenarios posibles teniendo en cuenta que cerca de un millón y medio de personas se hacinan en los campamentos que, más que provisionales, se han convertido en permanentes hogares de quienes resultaron damnificados por el terremoto del pasado 13 de enero. Así, las cifras de fallecimientos amenazan con ser dramáticas por las pésimas condiciones en las que se mantiene Haití, reducido a la ruina tras el temblor. Unas condiciones que favorecen la propagación de esta enfermedad: interrupción de los sistemas de agua y saneamiento, desplazamiento de la población, asentamientos inadecuados, saneamiento deficiente, etc...
Precisamente esas condiciones de hacinamiento e insalubridad en las que se viven quienes todavía hoy habitan en los campamentos que la cooperación internacional y la Organización de Naciones Unidas pusieron en pie semanas después del temblor, hacen temer lo peor a las autoridades sanitarias y a los trabajadores humanitarios desplazados en el país. La última aparición de esta enfermedad en Haití data de hace 50 años.
La Fundación Anesvad está presente en Haití desde 2005 implementando acciones de Atención Primaria en Salud. Desde entonces, la ONGD ha puesto en marcha 12 proyectos de cooperación al desarrollo con el objetivo de mejorar las precarias condiciones de salud de las comunidades más empobrecidas de este país en el que la mitad de la población vive con menos de 1$ al día y sufre problemas severos de desnutrición.