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El último autobús, última esperanza para aquél hotel en Sevilla

sevilla08 November 2009
www.hotelmontecarlosevilla.com

Las puertas se abren en silencio, casi no quieran molestar a la ciudad que descansa. Y él, el conductor del último autobús de la última carrera de la última noche de los últimos suburbios sonríe a mí, perdido y sólo pasajero de ese día largo y lluvioso.
Casi me temo en el subir, el temor de que este día infernal no haya terminado es muy fuerte y no me deja. Su sonrisa es angélica y diabólica al mismo tiempo, depende de los ojos que la miran. Me hago coraje y subo.
El autobús está vacío, sólo yo y él. Me quedo cerca, y con un mal español le digo adónde ir (como si fuera un taxi...); pues tengo una habitación reservada en este hotel en Sevilla, está en el centro y por suerte él pasa cerca. Quiere hablar, quiere cuentearme.
Su día fue feliz (¿como puede ser feliz el día de un conductor de autobús? o ¿cómo no puede serlo?) y de ese hotel en Sevilla él conoce vida y obras (por los milagros se están preparando), por que nació allí cerca. Y su vida creció precisamente a la sombra de este hotel, y de esto me empezó a hablar.
Y me dice que la mañana del domingo cuando era un niño, jugaba un partido de fútbol con los amigos gitanos y robaba besos a sus niñas amantes, y su madre lo llamaba desde el balcón, porque la sopa estaba lista.
Y le agradezco encontrar la dimensión de la realidad. Veinte minutos de ruda, y de historias, y llegamos. El hotel está ahí, detrás de esa pequeña plaza, a pocos pasos más.
Y mientras llego, como si fuera un karma mentalmente agradezco a mi favorito conductor, y me doy cuenta de que no he pagado el billete