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Abandonar el camino marcado

Madrid21 February 2011
Elegir por uno mismo es complicado y entraña riesgos, pero a veces vale la pena correr el riesgo.

Desde que estamos en el vientre materno, nuestros padres emprenden la aventura de planificarnos determinadas tareas para llevar a cabo en un futuro. Antes de llegar a este mundo, nuestros tutores ya se han hecho una idea de lo que esperan de nosotros o lo que les encantaría que llegáramos a ser. Como era de esperar, esto acaba trayendo efectos a nuestra vida.

Tanto nuestra familia como nuestro entorno y la sociedad de la que formamos parte ejercitan una enorme influencia en nuestras elecciones. Si decidimos asistir a cursos de formación, por ejemplo, nuestra elección recibirá la influencia de todos los elementos nombrados anteriormente. Este determinado orden de cosas no es obligatoriamente perjudicial (la totalidad de los familiares anhelan lo mejor para los niños), pero sí que puede comportar consecuencias no buscadas. Si no asimilamos la importancia de elegir sin presión, lo más lógico es que nos sintamos infelices.

A pesar de esto elegir libremente no sólo comporta no prestar más atención de la necesaria a los comentarios ajenos, sino también dejar de lado los propios convencionalismos y los de la comunidad. A menudo nos ponemos barreras y renunciamos a llevar a cabo cursos de formación que nos fascinan porque no los consideramos lo suficientemente buenos, ventajosos o prudentes. En otras ocasiones, pensamos que nunca seremos capaces de alcanzar el nivel suficiente en ese ámbito como para avanzar.

Independientemente del caso, no confiamos en nuestras capacidades y, asimismo, renunciando a nuestros objetivos. Tal y como defiende Ken Robinson, autor de “El Elemento: descubrir tu pasión lo cambia todo”, nosotros contamos con una actividad que nos apasiona y que, además, somos hábiles en realizar. Es lo que se conoce como nuestro “Elemento”. Si alcanzar nuestro elemento, nos encontraremos en un punto de equilibrio ideal y nos sentimos felices y completos.

Tal y como dice el autor, la importancia de nuestra selección profesional puede traer consecuencias concluyentes en el avance de nuestra vida. De esta puede depender, en bastante medida, nuestra felicidad. Y como es sabido, la felicidad es el objetivo al que todo el mundo aspira. Desde que estamos en el vientre materno, nuestros padres emprenden la aventura de planificarnos determinadas tareas para llevar a cabo en un futuro. Antes de llegar a este mundo, nuestros tutores ya se han hecho una idea de lo que esperan de nosotros o lo que les encantaría que llegáramos a ser. Como era de esperar, esto acaba trayendo efectos a nuestra vida.

Tanto nuestra familia como nuestro entorno y la sociedad de la que formamos parte ejercitan una enorme influencia en nuestras elecciones. Si decidimos asistir a cursos de formación, por ejemplo, nuestra elección recibirá la influencia de todos los elementos nombrados anteriormente. Este determinado orden de cosas no es obligatoriamente perjudicial (la totalidad de los familiares anhelan lo mejor para los niños), pero sí que puede comportar consecuencias no buscadas. Si no asimilamos la importancia de elegir sin presión, lo más lógico es que nos sintamos infelices.

A pesar de esto elegir libremente no sólo comporta no prestar más atención de la necesaria a los comentarios ajenos, sino también dejar de lado los propios convencionalismos y los de la comunidad. A menudo nos ponemos barreras y renunciamos a llevar a cabo cursos de formación que nos fascinan porque no los consideramos lo suficientemente buenos, ventajosos o prudentes. En otras ocasiones, pensamos que nunca seremos capaces de alcanzar el nivel suficiente en ese ámbito como para avanzar.

Independientemente del caso, no confiamos en nuestras capacidades y, asimismo, renunciando a nuestros objetivos. Tal y como defiende Ken Robinson, autor de “El Elemento: descubrir tu pasión lo cambia todo”, nosotros contamos con una actividad que nos apasiona y que, además, somos hábiles en realizar. Es lo que se conoce como nuestro “Elemento”. Si alcanzar nuestro elemento, nos encontraremos en un punto de equilibrio ideal y nos sentimos felices y completos.

Tal y como dice el autor, la importancia de nuestra selección profesional puede traer consecuencias concluyentes en el avance de nuestra vida. De esta puede depender, en bastante medida, nuestra felicidad. Y como es sabido, la felicidad es el objetivo al que todo el mundo aspira.